Adicción al sexo

Mientras los círculos médicos resuelven sus diferencias, crece en el mundo el número de grupos anónimos adictos al sexo que se reúnen en terapias de apoyo y grupos de rehabilitación. Lo hacen movidos por la necesidad de liberarse de la esclavitud a los placeres carnales y la ansiedad permanente por experimentar nuevas y más intensas sensaciones. La vida de un sexodependiente se convierte entonces en un infierno de obsesiones muy similar al que viven los drogadictos o los alcohólicos.

En Estados Unidos el 6% de la población es adicta al sexo, según estudios realizados por varios institutos especializados en el tema de esta adicción. En solo uno de estos institutos se trataron más de 500 pacientes, en su mayoría altos ejecutivos de empresa, y su lista de espera para el segundo semestre es aún mayor. Pero si bien en Estados Unidos estas clínicas especializadas han tenido mucho éxito, la mayoría de los sexodependientes mantiene ocultos sus deseos y obsesiones. Para los siquiatras muchas de estas personas no se atreven a revelar su doble de vida debido a que los tabúes y prejuicios pueden llevar a que un trastorno de esta naturaleza sea visto socialmente como una perversión.

Adicción al sexo

En Colombia se estima que entre 1 y 3% de la población sufre de este problema con un agravante adicional: Muchos ni siquiera saben que están enfermos por falta de información adecuada.

Las adicciones se presentan, por lo general, en forma múltiple y por lo tanto es difícil encontrarlas aisladas. El caso de sexodependencia no es la excepción. El 80% de las personas que tiene problemas de droga o alcohol presentan algún tipo de compulsión sexual. En el caso de los cocainómanos en tratamiento, por ejemplo, el 70% confiesa tener cierto grado de adicción al sexo.

Detrás de estos adictos los médicos han encontrado seres con personalidades egocéntricas, de baja autoestima, que buscan un reconocimiento social y sufren fuertes altibajos. Estas personas pueden permanecer hipnotizadas durante horas imaginando, recordando o idealizando fantasías sexuales que les permite escaparse de la realidad.” Yo encontré en el placer que me ofrecía la masturbación una forma de aliviar mi ansiedad, de sentirme bien”, afirma uno de los pacientes que durante 20 años no tuvo control sobre sus impulsos eróticos.

Contrario a lo que podría creerse, los adictos al sexo no son coleccionistas exclusivos de orgasmos. El nit del placer es solo un eslabón dentro de la desenfrenada búsqueda por la satisfacción sexual. La mayoría de estos adictos invierte más tiempo recreando fantasías eróticas que protagonizando un acto sexual que, una vez consumido, lo sume en un profundo sentimiento de culpa y arrepentimiento.

Con el paso del tiempo los enfermos sexuales procurarán mejores y más excitantes momentos, ya que como en otras adicciones, el cuerpo se adapta al uso frecuente de endorfina, una sustancia que libera el cerebro y produce la sensación del placer. Como resultado de esta adaptación fisiológica, la persona necesitará aumentar gradualmente el nivel de endorfinas para sentirse satisfecha, a la vez que tendrá que experimentar nuevas y mayores estimulaciones eróticas para obtener un estímulo inicial. Esto fue lo que experimentó un sexodependiente de 42 años que estudió en uno de los mejores colegios de Bogotá: ” yo me metía en un baño público para masturbarme y hacer lo mismo con otro desconocido. Lo peor venia cuando me metía un pase, me volvía loco al punto que llegué a tener relaciones homosexuales, promiscuas y en grupo. En más de una oportunidad me arriesgué a que me dieran una puñalada cuando me metía en los lugares más sórdidos del centro de Bogotá. Nada me importaba porque tenía la autoestima por el piso. Por eso fue que tuve relaciones sexuales con desechables. Lo mismo sucede con quienes se masturban compulsivamente. Aunque en un principio no lo hacen con regularidad, con el tiempo aumentan la frecuencia hasta 15 veces en un día. “Conocí en mi experiencia como terapeuta un profesional de la salud que necesitaba autoestimularse entre consulta, y consulta, para poder atender a los pacientes” dice uno de nuestros médicos:

De 100 pacientes que se tratan en las fundaciones se logran rehabilitar el 21% de los pacientes. Una vez rehabilitado el sexodependiente asume el compromiso de ayudar a otro en una especie de plan padrinos para evitar las recaídas. En este sentido los grupos de apoyo son fundamentales y por eso hace unos años se creó en Bogotá el primer grupo de adictos anónimos al sexo en el país. Aunque los encuentros se llevaron a cabo de manera ininterrumpida durante dos años, hacer 8 meses el grupo se desintegró ante la falta de una orientación terapéutica adecuada.

La adicción al sexo no es, entonces, como podría pensarse, un asunto exclusivo de donjuanes y ninfómanas. Se trata de una enfermedad que martiriza a quien la padece y su incremento obliga a mirar hacia la infancia, etapa del desarrollo humano en la que se siembre la semilla de la adicción.

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