Celibato

Cada cual es dueño de su espacio y su tiempo; en cada uno se encuentra la posibilidad de escoger cual es el momento indicado para tener o no relaciones sexuales. El celibato es una circunstancia elegida en la que viven muchas personas sin impedir en ningún momento experimentar relaciones profundas e íntimas con otras personas.

Generalidades sobre el celibato

El celibato es la capacidad de optar por una vida, en la que las relaciones sexuales y los momentos de excitación pasan a un plano completamente desapercibido. Son muy diversas las circunstancias por las cuales una persona elige ser célibe. Enfermedades o limitaciones físicas pueden alejar a la gente de la vida sexual; existen personas que prefieren esperar el momento y la persona adecuada, o mas comúnmente porque prefieren seguir una vida religiosa. La abstinencia no implica consecuencias anómalas de orden físico y mental, simplemente es una forma de vida.

El celibato está asociado más comúnmente con órdenes religiosas, que ven en éste una elección libre de compromiso con la iglesia, una entrega radical al reino de Dios como lo hizo Jesucristo y La Virgen María. A partir del concilio Vaticano Segundo se denominaba al celibato como “ese don precioso de la gracia divina dado a algunos por el Padre, para que se dediquen más fácilmente sólo a Dios con un corazón indivisible en virginidad o celibato. Este medio perfecto para el amor del reino del cielo ha sido tenido siempre en gran estima por la Iglesia como un signo y un estímulo del amor, y como una fuente singular de fertilidad espiritual en el mundo”, donde se promulgaba este como un requisito indispensable para pertenecer a todo el clero del rito romano, para así poder dedicarse por completo al divino servicio.

No debe tomarse el celibato como una imposición o un mandamiento religioso
; este es una opción tomada libremente y acogida especialmente por las leyes eclesiásticas, cuyo fin es el de cumplir mejor su misión sin distraerse en eventos y situaciones terrenales. Cada cual es libre de escoger su vocación y aceptar las normas que deben ser cumplidas para realizarla; absolutamente nadie tiene la imposición de asumir una actitud hacia la vida, mediante decisiones libres y sin presiones.

Cuando una persona elige el sacerdocio como su opción de vida, tiene el tiempo suficiente y la posibilidad de decidir si escoge la vida religiosa y el celibato, mediante una decisión libre y madura que le permita realizar su labor sin ningún tipo de tentaciones. Al principio puede experimentar cierta rareza, que con el tiempo se opaca con el gozo y la satisfacción de ejercer una profesión donde no importan las necesidades sexuales que se suprimieron, porque son reemplazadas por las experiencias enriquecedoras que vive cada uno de ellos en su labor diaria.

El celibato no se debe tomar como un cinturón de castidad; en teoría, las tentaciones se alejan completamente del cuerpo de cada una de las personas célibes y con vocación religiosa; ya que el vacío de las necesidades fisiológicas se compensa con todo el amor y entrega a Dios. El dilema se encuentra al no poder romper con ese vínculo y dejar que las tentaciones se apoderen de la mente, llevando a realizar actos que son repudiados por el común de las personas y la hipocresía con la que son manejados. volver

Celibato

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Hipocresía y celibato

La iglesia promulga enseñanzas y estilos de vida que deben ser asumidos por sus feligreses. Condenan las preferencias de muchos que son homosexuales, bisexuales o simplemente los que tienen relaciones prematrimoniales, prefieren alejarlos de su iglesia porque son personas que van en contra de las enseñanzas de Jesucristo. La doble moral se ha presentado a lo largo del tiempo; así como existen personas que verdaderamente asumen su rol en el sacerdocio, hay otros que “siguen su vocación” practicando relaciones con hombres, mujeres o lo que es peor con niños para satisfacer las necesidades que ven reprimidas por el celibato al que se comprometieron. En algunas ocasiones la complicidad de la iglesia deja pasar hechos que deberían ser puestos en consideración, donde los implicados deberían asumir sus actos y meditar acerca de su vocación, viendo si verdaderamente asumen el celibato como una opción de vida y un compromiso asumido a manera personal como requisito para ejercer el sacerdocio.

No hay que ponernos una venda en los ojos y pensar que un cuerpo diseñado para reaccionar ante estímulos externos, que son normales para cualquier ser humano, se reprima de tal manera de desfogue sus sentimientos sexuales de una manera clandestina e hipócrita. Cómo se ha dicho siempre el celibato es libre, y está en cada cual elegir de una manera madura y sensata si se es capaz de elegirlo como una opción de vida; un sacerdote es promotor de sinceridad y honestidad en todo momento, entonces por qué mostrar una cara cuando en realidad se promulga y no se aplica?.

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