El futuro de la sexualidad humana

Si la ciencia avanza tanto como pretende, próximamente las mujeres no tendrán que hacer curso de actuación para fingir sus orgasmos, ni para intentar disimular la evidente mancha roja que, justo en el momento y situación menos esperados, tiñe mensualmente los jeans. Bastará afiliarse al club de usuarias del “orgasmatrón” de la vida real o ajustarse los “pantalones inteligentes”.

De la ficción a la vida real

En la comedia Sleeper, de Woody Allen, una máquina producía orgasmos con sólo apretar un botón. Ahora, científicos estadounidenses buscan patentar un implante que produce el mismo efecto al accionar un control remoto.

Stuart Meloy, un cirujano de Carolina del Norte, ideó el dispositivo que podría solucionar problemas de anorgasmia. Consiste en un implante de electrodos en la espina dorsal, que son estimulados por impulsos eléctricos. Para lograr mayor efectividad y sensaciones más placenteras, la paciente debe permanecer consciente durante la cirugía para ayudar al médico a encontrar la mejor posición para los electrodos.

Los impulsos eléctricos provienen de un generador de señal -más pequeño que una caja de cigarrillos- que se implanta bajo la piel de una de las nalgas y se acciona a través de un control remoto. Falta ver que el grosor del generador no sea el mismo de la caja de cigarros porque, en ese caso, el extraño bulto en las nalgas ahuyentaría a cualquiera sin oportunidad de comprobar la efectividad del dispositivo.

Los que definitivamente saldrán perdiendo con la comercialización de este implante -en caso de hacerse- son los terapeutas tradicionales. El debate entonces se centrará en la necesidad de recurrir a este mecanismo -tan incómodo como un marcapasos, según el mismo Meloy- después de pasar o no por el diván.

Sexo en el futuro

Sexo en el futuro

Ropa interior inteligente

La próxima revolución de pantys femeninos no tendrá nada que ver con los materiales o lo atrevido de las prendas sino con la probabilidad de que cambien de color para advertirle a su usuaria si está ovulando, si tiene una infección o si dentro de pocas horas comenzará su periodo.

En los primeros años de la década pasada, Media-Pharma de Alemania, Kimberly-Clark de Wisconsin y otros inventores privados, todos por separado, archivaron su ideas de impregnar las toallas sanitarias y los pañales con químicos que cambian de color de acuerdo a la concentración de glucosa y nitritos en la sangre y los excrementos. Ahora, Procter & Gamble está en la fase de investigación de proyectos similares.

Probablemente en los próximos años, un panty impregnado con resina de goma de madera se tornará azul ante la presencia de pequeñas cantidades de sangre, mientras un sensor de PH se tornará rojo cuando éste oscile entre cuatro y siete. La combinación de los dos indicadores producirá un tono púrpura, justo cuatro horas antes de empezar la menstruación.

Y quienes quieran mayor seguridad a la hora de las relaciones, podrán adquirir un panty que anuncia el momento exacto de la ovulación. El maravilloso invento -que ahorraría más de un susto- consiste en una delgada capa plástica, recubierta con silicona, que aumenta su grosor según los cambios en los niveles de estrógeno, progesterona y hormonas folículo-estimulantes. El cambio en el espesor altera el curso de los reflejos de luz y crea una mancha púrpura sobre un fondo dorado, indiscutible indicador del momento de la ovulación.

Las patentes de esta compañía también apuntan a la detección, por el mismo método, de embarazos e infecciones virales, incluidas la Escherichia coli, Salmonella y el Sida. Como van las cosas, un botón producirá placer mientras los materiales inteligentes serán la clave de la seguridad femenina.

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