Endometriosis, no ignores el dolor

La endometriosis, enfermedad que sólo se creía afectaba a las mujeres y adolescentes, también puede llegar a afectar a toda la familia de dos maneras distintas: al causar dolor y otros síntomas que interrumpen la vida cotidiana familiar y al señalar a los familiares, ambos hombres y mujeres, así como a la mujer que sufre de endometriosis, un mayor riesgo de contraer alergias, enfermedades que atacan al sistema inmunitario y posiblemente cáncer.

Alguna vez se pensó que la endometriosis era un trastorno exclusivamente endocrino; pero hoy día se sabe que tiene una conexión inmunológica fuerte que parece ser hereditaria. Varios estudios han determinado que las mujeres con endometriosis tienen un mayor riesgo de desarrollar cáncer, incluidos el cáncer de seno y ovarios, melanoma y especialmente el linfoma No-Hodgkin.

Lamentablemente, según las encuestas realizadas por la Asociación de Endometriosis de Estados Unidos, la mujer media espera cerca de cuatro años y medio antes de consultar con un especialista acerca de sus síntomas. Luego, puede tomar otros cuatro años y medio antes de que se establezca un diagnóstico correcto y se inicie el tratamiento.

Muchas mujeres han denunciado a la asociación, la que mantiene un registro de más de 7.000 pacientes, que la familia y amigos y, a veces, hasta los doctores trivializan sus síntomas, aumentando la dificultad y contribuyendo al retraso del diagnóstico.

La Endometriosis, como causa de dolor en la pelvis y dolor menstrual, es especialmente subestimada en las adolescentes, aseguran especialistas en fecundidad. No obstante la falta de diagnóstico, la endometriosis afecta entre un 40 y un 70 por ciento de las adolescentes que sufren de dolor pélvico crónico, dolor que a menudo hasta interrumpe el desarrollo académico y deportivo normal de estas jóvenes.

Endometriosis, dolor

Endometriosis, dolor

La endometriosis no discrimina, en cambio ataca a mujeres y niñas de todos los grupos étnicos y socioeconómicos. Millones de mujeres y niñas de entre 10 y 76 años de edad en el mundo tienen endometriosis, enfermedad en la cual el tejido que reviste el interior del útero se mueve, en forma de menstruación, hacia otras zonas del abdomen. Una vez que se ha desplazado al abdomen el tejido aumenta de tamaño, causando bloqueos y se cicatriza- lo que causa severos dolores en la pelvis, hemorragias menstruales muy fuertes e irregulares, retortijones y hasta infertilidad.

Otros síntomas comunes notificados por la asociación incluyen fatiga, agotamiento o disminución de energía; dolor durante o después del sexo y, durante la menstruación; lumbago, micción con dolor -orina, diarrea, inflamación abdominal y otros trastornos gástricos.

La gravedad de los síntomas no está relacionada con el grado de la enfermedad. Especialistas señalan que el dolor de pelvis podría ser causante de discapacidad aún cuando el grado de endometriosis es mínimo.

Se piensa que el proceso de la enfermedad empieza en el tejido que reviste el útero, el endometrio. El tejido se elimina durante la menstruación, pero en la endometriosis el tejido tiende a viajar en la dirección equivocada-hacia arriba y a través de las trompas de Falopio, a la cavidad peritoneal. Una vez allí, el estrógeno, los factores inmunológicos y otras sustancias en el peritoneo pueden estimular el crecimiento del tejido extraviado.

Aunque la causa principal de la endometriosis no se conoce con seguridad, varios factores de riesgo y posibles causas han surgido de investigaciones recientes. El riesgo parece aumentar con la presencia de menstruaciones de larga duración y la exposición prolongada al estrógeno. Los ciclos menstruales cortos, el flujo menstrual prolongado y los altos niveles de tejido graso contribuyen a un mayor riesgo que el riesgo usual. Las mujeres que no han tenido embarazos y las que no hacen ejercicio se encuentran en la misma categoría.

Una conexión entre la endometriosis y la exposición a las toxinas ambientales, como las dioxinas, ha sido demostrada en estudios con monos. En los seres humanos, la exposición a las dioxinas puede explicar la relación entre la endometriosis y el linfoma No-Hodgkin. Científicos aseguran que existe un mayor riesgo de este tipo de linfoma entre las mujeres posmenopáusicas con un historial clínico de endometriosis.

Según especialistas, la endometriosis es notoriamente precaria en diagnósticos. Una razón para la falta de diagnóstico es que requiere de una intervención quirúrgica menor, algo que muchas mujeres no están dispuestas a proseguir y algunos doctores son remisos a sugerir. El procedimiento quirúrgico se trata de una incisión diminuta en la parte inferior del abdomen por donde se inserta un laparoscopio, con el que el doctor puede observar los crecimientos de tejido endometrial que se encuentran fuera del útero.

Hasta el momento, no se ha encontrado una cura eficiente para la enfermedad, pero existen varios tratamientos que pueden ayudar a suavizar los síntomas. Aunque todos tienen efectos colaterales -secundarios-, en la mayoría de los casos el tratamiento es mucho menos debilitante que la enfermedad.

Los ginecólogos no están de acuerdo en la mejor manera de enfocar el problema; algunos consideran que el mejor tratamiento es a través de una intervención quirúrgica para extraer todas las lesiones visibles y otros, en cambio, piensan que lo mejor es el tratamiento hormonal. Pero, al tratar a las adolescentes, los especialistas prefieren comenzar por la vía quirúrgica, que puede realizarse con un rayo láser o coagulación electrónica para destruir las lesiones y cualquier tejido endurecido y así restaurar la anatomía normal de la pelvis. En el caso de las mujeres adultas, la operación quirúrgica da lugar a tasas inmediatas de mejoramiento de entre un 70 y 100 por ciento, con un mejoramiento promedio de un 82 por ciento un año después.

Los tratamientos hormonales se pueden usar antes o después de una operación quirúrgica para inhibir el crecimiento de cualquier tejido anormal y disminuir las posibilidades de que reaparezcan. La meta del tratamiento es interrumpir la función ovárica y la hemorragia menstrual. Entre las posibilidades farmacológicas se incluyen anticonceptivos orales, progestina, danazol (derivado de la testosterona) y gonadotropina, los cuales inducen a una pseudomenopausia.

Aunque los anticonceptivos orales, en particular aquellos basados principalmente en progestinas, por mucho tiempo han sido la base del tratamiento, la gonadotropina es la elección actual de farmacoterapia. Estas hormonas inhiben la hormona pituitaria que impulsa los ovarios a que liberen estrógeno.

Al detener la menstruación y la descarga de estrógenos, las gonadotropinas suprimen el crecimiento y la posterior hemorragia del tejido del endometrio extraviado e impiden la formación de nuevos crecimientos. El tratamiento puede ser administrado a través de un spray nasal dos veces al día o por inyección cada cuatro semanas.

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