Fetichismo, una de las parafilias más conocidas

¿Eres fetichista?… Yo creo que todos lo somos en mayor o menor medida, aún cuando no nos demos cuenta. Si lo dudas, no tienes sino que pensar en si hay detalles que te hacen sentirte de repente excitado o si necesitas, para hacer el amor, que se den determinadas circunstancias.

Claro que cuando se habla de fetiches sexuales, generalmente nos referimos a lo que puede ser considerado parafilia, es decir, que la necesidad de ese algo sea tan intensa que sin él no puede darse la excitación sexual. Un ejemplo de toda la vida es el de un hombre que no siente deseo sexual si su pareja no lleva puesto unos tacones o unas botas de caña larga de cuero.

Y es considerado parafilia desde que Alfred Binet, psicólogo francés, acuñó el término fetichismo sexual para referirse a ese necesidad inevitable que limita la actividad sexual si no llega a cumplirse, (otras corrientes, en cambio, aseguran que fue Freud el primero que habló del tema). Se cree que el fetichismo se origina en el sujeto cuando comienza a descubrir su sexualidad y, claro, si sus primeros pasos en el mundo del erotismo se asocian a determinados elementos, éstos pueden marcarle para el resto de su vida sexual.

En cualquier caso, lo que sí sabemos es que el fetichista requiere, o bien ver o tocar un objeto concreto, o bien ver o tocar una parte del cuerpo de su amante. Y es que sin el objeto de deseo no sólo no existe excitación, sino que tampoco se llega al orgasmo.

Botas altas y fetichismo

Botas altas y fetichismo

Y ¿cuáles suelen ser los fetiches sexuales más habituales?… Pues encontramos, por ejemplo, entre los objetos algunos como botas altas, pelucas, collares o anillos, medias, guantes, trajes de enfermera, esposas de policía o pulseras de pinchos. En cuanto a los que forman parte de la anatomía humana, los más recurrentes son los pies, el cuello, o el cabello.

En cuanto a su utilización, existen casos en los que la excitación sexual llega tan sólo con la observación, y otros en los que el sujeto fetichista necesita tocarlo o, incluso, masturbarse con él.

El fetichismo no ha de ser considerado un problema en sí siempre que no limite nuestra libertad, o la de otros.

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