Herpes genital

El herpes genital es una ETS, enfermedad de transmisión sexual, provocada por la infección del virus del herpes simple, tanto del tipo 1 como del tipo 2, aunque éste último es el más frecuente. En ocasiones puede no presentar síntomas en un primer momento, pero si lo hace, dichos síntomas consisten en la aparición de ampollas tanto en la zona genital como en la zona anal. Eso sí, cuando estas ampollas se rompen, se trasforman en llagas dolorosas que pueden requerir hasta cuatro semanas para sanar, al menos exteriormente. Otros síntomas que suelen aparecer son la inflamación de las glándulas y la aparición de fiebre.

El herpes genital permanece latente en nuestro organismo una vez que lo hayamos padecido, así que los rebrotes son habituales. Estas sucesivas apariciones en escena del virus no suelen revestir mayor gravedad, salvo en caso de pacientes con el sistema inmunitario deprimido, en los cuales puede resultar muy peligroso. Ahora bien, si bien los trastornos físicos pueden ser leves, el efecto psicológico de saberse portador de la enfermedad puede ser devastador, por lo que, si es necesario, es recomendable ponerse en manos de especialistas.

Por otra parte, uno de los mayores problemas que conlleva la aparición del virus del herpes simple es que favorece la expansión del VIH pues, por un lado, el enfermo de herpes tiene más posibilidades de contraer dicho virus y, por otro lado, los que ya lo sufren se vuelven mucho más contagiosas.

Foto de un herpes genital

Foto de un herpes genital

Frecuencia del herpes genital

Esta enfermedad es, lamentablemente, muy frecuente ya que su contagio se produce no sólo por contacto con las úlceras abiertas, sino también con las relaciones sexuales cuando, existiendo un rebrote, o habiéndose infectado por primera vez, aún no hay lesiones en la piel. Por otra parte, el herpes genital es más común en mujeres, y esto tiene mucho que ver con que es más fácil su contagio de hombre a mujer que de mujer a hombre.

Hablando sobre su detección y diagnóstico, éstos se realizan a través del examen físico de la zona y de un análisis de sangre. En cuanto al tratamiento, lo único que se receta son antivirales que ayudan a prevenir su reaparición.

Por supuesto, la manera más eficaz de no contagiarse es la abstinencia o la práctica del sexo con seguridad, esto es, usando el preservativo. También es importante conocer bien a la pareja y estar seguro de que no padece esta enfermedad. En caso de que la padezca, aunque sea en estado latente, es conveniente utilizar el condón para mantener con ella relaciones sexuales.

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