Historias de amor en el trabajo

Todos lo pensaron alguna vez. Los compañeros de trabajo despiertan las fantasías más ríspidas. Tienen más erotismo, son más salvajes y seguramente deben hacerlo mejor que la pareja legal. Pasando catorce horas juntos, hasta una heladera es sexy.

La mecha encendida. El camino de pólvora consumido por el fuego. La oportunidad es la llave y la pasión esa mecha encendida. El sexo en el trabajo es un agradable escape que se presenta con el disfraz de la fantasía. Al igual que con un trabajo, nadie hablará en principio de sentimientos o de afectos porque no habrá tiempo. Los disparadores son las miradas, el ámbito compartido y las tensiones comunes. Es que la cantidad de horas trabajadas condiciona las relaciones. Los que trabajan demasiado ven poco a su pareja, a sus amigos y a su familia. Los compañeros y las compañeras de trabajo son, entonces, las personas más cercanas en todo sentido.

A fuerza de cantidad de horas compartidas, aparecen afinidades. En confianza surgen los secretos, los problemas y las coincidencias. De la misma manera, esas mismas personas se alejan de su círculo íntimo y reemplazan familiares y amigos por los nuevos depositarios de la confianza: los que habitan el universo laboral. Allí suceden las historias. Allí, con cobarde cautela, se enciende el fuego.

Lorena lo conocía de antes. Ella estaba de novia con otro chico, pero por esas cosas siempre le guardó un lugar en su cabeza. Coincidieron en un trabajo en una agencia de publicidad y aunque Lucas llevaba pocos meses de casado, compartir el mismo escenario los llevó a recorrer el camino de la pólvora. El fuego comenzó una tarde.

Historias de amor en la oficina

Historias de amor en la oficina

“Cuando comenzó a mirarme intensamente me sentí halagada –cuenta Lorena-, deseada y observada. Me encantó que lo hiciese. Nos separaba un escritorio. Como el resto de la gente que compartía la oficina se había ido a almorzar, estábamos solos. Entonces, él dejó de hablar, cruzó el escritorio y se puso a mirarme fijo. No hicieron falta más palabras. Comenzamos a besarnos y a tocarnos. Todo fue muy rápido y fascinante. En un momento me dijo que su mujer estaba por venir a buscarlo para ir a comer y eso me excitó más. El tiempo nos perseguía. Estuvimos un buen rato así hasta que el teléfono comenzó a sonar y él no lo atendía. Nunca había tenido una experiencia así en un lugar de trabajo. Gocé varias veces como nunca en mi vida y creo que él también. Al rato llegó su mujer, pero ya habíamos terminado. Me costó volver a concentrarme en el trabajo. Lucas recibió a la mujer como si nada y quedaba bastante hipócrita ante mis ojos. No volvimos a hablar del tema, pero en el trabajo nos calentábamos mucho” concluye ella contando la que hasta ahora, fue su única experiencia de este tipo.

En los trabajos existen los famosos códigos. A veces entre los habitantes de una misma fauna laboral suele haber historias paralelas a las que ocurren en una pareja. Por eso algunas empresas tienen cláusulas en sus reglamentos que prohiben romances entre pares. Pero se sabe: lo prohibido genera deseo y más que un obstáculo, estas reglamentaciones parecen invitar a la provocación.

“En el trabajo se ocupan territorios y espacios que deberían encontrarse en el ámbito privado, en el hogar, con los amigos. No son pocos los que hasta encuentran pareja en la oficina –señala el sociólogo Enrique Valiente-. Cuando todos los vínculos surgen el ámbito laboral, uno es lo que hace. Así la identidad se recontruye cada vez que uno cambia de trabajo, se queda sin empleo o se jubila”.

La historia de Ignacio mezcló la prohibición de un importante multimedio argentino de vincularse afectivamente con una par de la empresa, con la irresistible magia de la radio. Él era productor y musicalizador. Raquel, una locutora en ascenso, que hoy es una conocida cara de la televisión. Durante dos años trabajaron codo a codo sin contarse demasiadas cosas. Una madrugada, todo cambió de golpe. “Fue la noche que menos habló al aire. Tuvimos, por suerte, la complicidad del operador técnico que mandó un disco tras otro como si no hubiese programación. De esa noche me acuerdo que ella tenía una minifalda y que estaba muy bonita. Entré al estudio para llevarle unas cosas y literlamente me clavó sus ojos. Terminamos debajo de la mesa de trabajo. Nunca pude entender como en muy poco tiempo hicimos tanto. Nos pusimos clandestinamente de novios. No. De amantes, porque ella tenía novio y yo, mi pareja. En principio nuestro jefe no se enteró. Pero cuando la historia se supo, a mi me echaron por violar el reglamento. Siempre me acuerdo de aquella primera noche con ella. Luego, ninguna noche dejamos de hacernos algo. Pero también fue muy enfermizo. El sexo y el trabajo son un cocktail poderoso. Todo el mundo dice que no hay mezclarlos pero a veces no queda otra”, finaliza Ignacio.

¿Qué sucede cuando el fuego se apaga? Las historias de sexo en el lugar de trabajo transitan por el filo de la navaja. Pero a veces las actuales condiciones de empleo causan estrés. No sólo por la cantidad de horas, sino también por la tensión que genera el miedo a perder el trabajo. La competencia feroz y los cambios vertiginosos del mercado obligan a vivir en constante proceso de adaptación. Entonces, en ese escenario donde transcurren muchas horas y presiones, puede aparecer el deseo y la necesidad que no se corresponden fuera de una oficina. Hoy en día, la mayoría de los que trabajan pasa mucho más tiempo en sus oficinas que con su afectos más cercanos. Por eso cuando la mecha esté a la vista, la pólvora lista y el fuego comience a calentar, el lugar de trabajo y el trabajo mismo, será lo de menos. Inevitable encuentro, sin salario ni adicionales.

12

No hay comentarios

Escribir un comentario

Uso de cookies

Sexualidad10.com utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.