Los orígenes del vibrador

Seguro que más de una vez habréis oído esa desafortunada y machista frase que reza “a tí lo que te hace falta es un buen… “; o esa otra de “a esa le quito yo todos los males con un buen repaso“, y demás lindezas. Pues fíjate tú que éstas “frases hechas” hasta tienen su base (obsérvese que no digo “tiene su lógica”).

Aunque al principio su uso no tenía ningún carácter de tipo sexual, el uso del vibrador nació como tratamiento médico para tratar ciertas patologías en el sexo femenino (si le fue aplicado a algún caballero, es algo que ignoro. Y espero que nadie me saque de mi ignorancia, dicho sea ya de paso).

Nada menos que debemos remontarnos a la época de Hipócrates, en la antigua Grecia, durante la cual se aplicaba el método de masaje de la vulva, para aplacar trastornos nerviosos en las mujeres.

Pero no hace mucho, tan solo dos siglos atrás, esta antigua terapia se seguía utilizando, ya que se consideraba altamente efectivo en el tratamiento de la histeria y neurastenia femeninas. El masaje vulvar se llevaba a cabo con calma y trabajosamente, hasta que la paciente alcanzaba “ese punto” en que sus males desaparecían. Naturalmente, el masaje vulvar se hizo muy popular entre las pacientes.

Más adelante, y ya que la técnica del masaje era puramente manual, y se ve que cansaba y era muy aburrido, aunque yo creo que era porque llevaba mucho tiempo, apareció un aparato que haría todo el trabajo en un “plis plas” y que, encima, ahorraba mano de obra: el vibrador eléctrico.

Estudiamos los orígenes del vibrador

Estudiamos los orígenes del vibrador

Fue en 1880 cuando un británico lo inventó, y su finalidad era que cada gabinete de psiquiatría dispusiera de uno. Vamos, mismamente como si se tratara de un termómetro o un estetoscopio. ¡Igualito!.

Obvia decir que algunos con mucha vista comercial aprovecharon el invento para aplicarlo al uso doméstico y universalizar su uso. “Ponga un vibrador en su casa y su mujer será la que usted siempre soñó”, debieron rezar los slogans.

Una vez patentado el primer vibrador eléctrico casero, en 1902, la venta de estos artilugios se disparó. También hay que decir que su calidad aumentaba con los años. En 1920, el vibrador se convirtió en estrella de cine, apareciendo en varias películas y fotografías de la época.

Durante los años 50 y 70 del siglo pasado, los spots sobre el uso del vibrador no eran nada explícitos, sino todo lo contrario. Algunos se anunciaban para masajear el pelo o darle forma (¿…..?), o como instrumento de masaje en el cuello y la espalda, dejando que el verdadero propósito de su uso fuera “intuido” por el espectador. Algo así como “yo te lo enseño y ya verás tú que haces con él”. Menos mal que a partir de la década de los 70 llegaron la revolución sexual y el movimiento feminista para acabar con la hipocresía y la doble moral que rodeaban todo este asunto.

Actualmente aún quedan vestigios de aquellos tabúes iniciales. Lo cierto es que el vibrador se ha convertido en un compañero de cama más, tanto para usarlo en pareja como en privado.

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