Percepciones externas del bebé

En el conjunto de teorías más o menos científicas, mitos y creencias populares sobre el embarazo una de las que más atrae la atención de las futuras madres es la que se refiere a las percepciones sensoriales del feto. ¿El feto oye?, ¿hay que hablarle?, ¿la música le estimula?, ¿reconoce voces?, ¿es más listo el bebé que fue estimulado sensorialmente en el seno materno?.

En todo ello hay hechos científicos, teorías basadas en experimentaciones más o menos serias, hay también mucha controversia científica y algunas falsedades. Veamos.

¿El feto oye?
El sentido del oído es uno de los que primero se desarrolla en el feto y está plenamente formado y funcionando a partir de la semana 28 de embarazo. El feto oye y según avanza la gestación oye mejor. ¿Cómo oye el feto?. Pues de dos formas: a través de la onda sonora que transmite el líquido amniótico y por la percepción de la piel de la madre.

¿Qué oyen los bebés dentro de la barriga?

¿Qué oyen los bebés dentro de la barriga?

¿Qué oye el feto?
El feto oye sonidos intrauterinos y extrauterinos. Esencialmente y de modo destacado, el feto oye los latidos de su propio corazón, los latidos de la arteria uterina y el pulso de la vena umbilical y oye los ruidos del arrastre del lecho placentario, es decir los ruidos del roce de la placenta con los demás órganos de la madre.

En un segundo término, oye los latidos del corazón de la madre y la voz materna por vía intrauterina y en último lugar, como sonidos más alejados, oye los sonidos del exterior.

La voz de la madre
El feto oye la voz de su madre y la oye por dentro. El cuerpo de la madre actúa como una perfecta caja de resonancia y los sonidos de su laringe llegan perfectamente al bebé. Ésta es la escueta realidad y a partir de aquí se entra en un amplio campo en el que hay hechos comprobados empíricamente pero que no pueden ser tomados como verdades científicas absolutas. Esos hechos muestran que el feto reacciona a la voz de la madre, generalmente moviéndose o cambiando de postura.

Y lo hace muchas veces después de un periodo prolongado de silencio de la madre. Pero no siempre reacciona y no todos los niños lo hacen. Esos hechos muestran que algunos bebés pueden llegar a recordar la voz de la madre y a diferenciarla claramente del conjunto de sonidos de todo tipo que perciben una vez nacidos.

Pero hay bebés que no dan muestra externa alguna de hacerlo. El feto es un organismo en desarrollo que reacciona a estímulos físicos y químicos y la voz es uno de esos estímulos y la voz de la madre es un estímulo poderoso que influye en su desarrollo. Pero el feto oye todos los sonidos que emite la madre y no diferencia los emitidos específicamente para él, por lo que los beneficios de hablarle directamente al feto entran dentro del terreno de lo no científico.

Los sonidos del exterior
Hay experimentos hidrofónicos que muestran que los sonidos que llegan al espacio intrauterino a las 36 semanas de gestación son un 30% inferiores a los emitidos desde el exterior. Si una conversación normal tiene una intensidad sonora de 80 decibelios, el bebé la percibe en el seno materno con una intensidad de 65 decibelios.

El bebé oye los ruidos del exterior. De forma atenuada, pero los oye. Y aquí volvemos a entrar en un terreno lleno de datos y especulaciones sobre los resultados de esos sonidos en el feto, desde teorías que hablan de los efectos beneficiosos de leerle el mismo cuento todos los días a la misma hora, hasta el famoso “efecto Mozart” sobre las maravillas que en su intelecto produce el escuchar obras de este compositor, sobre todo la sonata para dos pianos K448.

La literatura sobre el tema de los beneficios de los estímulos auditivos externos en el feto es amplísima y los datos en los que se sustentan esas teoría parecen en muchas ocasiones irrefutables, pero igualmente de amplia y de irrefutable es la que demuestra todo lo contrario.

Los cierto es que el feto oye la voz de su madre de forma interna y oye los sonidos del exterior, pero no por hablarle específicamente y con especial cariño y ternura, ni por leerle el Quijote ni ponerle una sinfonía va a ser un bebé más sano o más inteligente.

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