Qué hacer si tu hijo roba

La gravedad del robo infanto-juvenil varía según la edad y las circunstancias, pero también depende en gran medida de los padres y la educación.

Distingamos los diferentes casos:

En un niño preescolar el robo es inocente y sólo requiere de clarificación. Si trae algo de la guardería, por ejemplo, indíquele que hay cosas que no le pertenecen y que debe devolverlo. A esta edad no tienen concepto de propiedad, no poseen conciencia moral, no saben qué es malo. Justamente, la adquisición progresiva de su rechazo a tomar lo ajeno está estrechamente ligado a las experiencias familiares.

La entrada al colegio es el momento para adquirir el respeto por los bienes del otro. La escuela proscribe socialmente el robo. La mayoría abandona enseguida esta conducta que, en realidad, no tiene significado delictivo. Consecuencia lógica y típica es la mentira. Hermanos, padres o amigos les preguntan por la procedencia del nuevo objeto. El niño se ve obligado a inventar algo para tratar de explicar.

El solo hecho de mentir, y la desconfianza que ello provoca, le incomodará. Los coloca en situaciones desagradables y saben que pueden perder una buena relación con personas queridas. Esta toma de conciencia estructura la conciencia moral y guarda para el niño un profundo significado. Si el hecho es descubierto por terceros, en el colegio o en el supermercado, es importante la actitud activa de los padres. En ningún caso se debe hacer vista gorda. Lo primero es averiguar si tiene no conciencia de que su conducta es errónea. En este momento es importantísimo hacer acopio de paciencia y delicadeza. El fin de la conversación es comunicarse claramente con su hijo. Sin cargarlo de culpas, sin someterlo a interrogatorios que sólo conllevarán a otras mentiras. la idea es dar una lección, no crear un tribunal.

Que hacer si tu hijo roba cosas en el colegio

Que hacer si tu hijo roba cosas en el colegio

Pasados los primeros años del colegio, el asunto es más delicado. Especialmente si es una conducta que se repite. Si es reiterada seguramente está acumulando consecuencias y el significado cambia. Lo que era un gesto accidental originado por el deseo de poseer un objeto preciso se está transformando en técnica, porque conlleva tomar precauciones. En estos casos, de nuevo, se asocia a los padres. Es como si el hijo, con su robo, dijera “total qué importa, igual no me quieren“. En este caso,es un síntoma de trastornos emocionales.

El robo es serio en los adolescentes. La conciencia moral ya está presente y, por tanto, indica que algo anda mal en la estructura o en las relaciones familiares. Generalmente, son jóvenes que viven fuertes sensaciones de soledad y abandono. Los amigos pueden tener gran importancia inductora pero, ojo, suelen constituir el único ambiente de satisfacción de necesidades afectivas. En este caso lo más deseables es que los padres no se desentiendan. Ellos son parte del sistema. Probablemente estén fallando y, como consecuencia, falla el hijo.

Será necesario un trabajo en familia.

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