Respuesta ante el deseo sexual

¿De donde nace nuestro comportamiento como seres sexuales?, ¿qué nos impulsa a mantener relaciones coitales con otros sujetos de nuestra especie? Obviando de momento las tendencias sexuales conocidas como parafilias, y hablando del hecho simple y concreto de sentir atracción física por otro ser humano, hoy me gustaría hablar sobre como nace el deseo sexual y de donde surge.

El deseo sexual nace, sobre todo, en el cerebro, siendo por tanto una reacción química. El hipotálamo, que es una parte importante del cerebro, aparte de regular la sensación de hambre o el sueño, también controla la producción de hormonas por parte de la hipófisis y que el nivel sea el adecuado en la sangre en cada momento. También le da un empujoncito al sistema nervioso para que se ponga en marcha durante la fase de la excitación sexual.

Por otra parte encontramos las distintas glándulas del sistema endocrino, entre las que se encuentre la antes mencionada hipófisis, los testículos y los ovarios, (estos dos últimos se conocen como gónadas).

Estas glándulas en concreto fabrican las llamadas hormonas sexuales, entre las que encontramos la testosterona, la progesterona y los estrógenos. Tanto unos como otros podemos encontrarlos tanto en el hombre como en la mujer, pero dependiendo de uno u otro sexo físico la cantidad existente varía. Y un apunte más, el control sobre las gónadas se realiza desde la hipófisis.

Localización de Hipotálamo e Hipófisis

Localización de Hipotálamo e Hipófisis

Así pues, ya ves que la reacción sexual, la necesidad de practicar el arte de amar tiene una base física que resulta imprescindible para que nuestro cuerpo se ponga en funcionamiento y se produzca el deseo, la excitación y hasta el orgasmo. Por supuesto esto no es sino una introducción, pues poco a poco me gustaría ir desgranando todo este complejo proceso, (complejo aunque para nosotros parezca fácil pues simplemente nos dedicamos a sentir y dejarnos llevar cuando nos sentimos excitados).

Claro que esta es en cuanto al proceso químico que se produce en nuestro interior. Pero es que también el factor psicológico es muy importante ya que podemos vernos limitados ante un encuentro sexual, por ejemplo, por haber recibido una educación castradora, por vivir en circunstancias que no nos permiten expresarnos libremente, por sentirnos culpables y por ello no permitirnos disfrutar de una sexualidad plena, o por tener tanto miedo al fracaso amoroso que nos encontremos inmovilizados emocionalmente.

Todos estos motivos, y algunos más, pueden inhibir en nosotros, hasta incluso su práctica desaparición, el deseo sexual y la respuesta física de nuestro cuerpo ante la estimulación erótica.

Imagen: recursos.cnice.mec.es

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