Sexo rápido, pros y contras de su práctica

Hay situaciones en las que se te presenta la ocasión de mantener unas relaciones sexuales de “visto y no visto”. Algunas mujeres fantasean con esas oportunidades. Sin embargo, no todas están dispuestas a actuar de ese modo.

El sexo rápido tiene mala prensa . Sobre todo entre el público femenino para quienes esa clase de relaciones es sinónimo de garantía para un acto sexual sin orgasmo . De hecho, entre los españoles es mucho más frecuente el sexo planificado, previsto con antelación que el sexo espontáneo.

Sexo ‘planificado’

Lo cierto es que el sexo planificado tiene el aliciente de que se disfruta desde horas o días antes de ejecutarlo en realidad. La expectativa que genera en la pareja puede ser muy excitante. Además, se da cierto compromiso entre los participantes y eso siempre garantiza más la posibilidad de que ellas no se queden colgadas y sin orgasmo cuando se consuma el acto.

Por otro lado, da la oportunidad de preparar el escenario y disfrutar con ello. En ocasiones, el sexo planificado se disfruta más en la espera que se produzca que cuando ocurre realmente.

Uno rapidito… ¿cuándo procede?

Pero, se dan ocasiones donde el momento, las circunstancias, la novedad, el tiempo disponible y las ganas de hacerlo favorecen otro tipo de encuentro sexual no sólo más espontáneo sino, también, más imprevisto , sin preparación e inmediato. Son esas ocasiones en las que parece que el deseo sexual os desborda a los dos y os impulsa a mantener relaciones sexuales inmediatamente (‘uno rapidito’).

Su aliciente es la novedad, y la inmediatez. Puede excitar mucho y favorecer el orgasmo de ellas. Pero no siempre es así. aunque muchas veces sucede en tales ocasiones que el orgasmo es casi lo de menos y lo que excita y se disfruta es de ese encuentro casi clandestino.

El sexo rápido puede encender la llama de la pasión y mantenerla viva durante mucho tiempo

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Saltarse los preliminares

Entre ambos tipos de relaciones sexuales se encuentra otra forma de hacerlo en la que sin existir inmediatez y apremio por hacerlo y siendo algo previsto de antemano, la pareja se decide por tener una relación sexual saltándose lo que tiende a llamarse ‘los preliminares’ (aunque en realidad es la relación sexual propiamente dicha).

Son casos en los que se busca el contacto genital directo sin otros aditamentos (en raras ocasiones, cuando se habla de ‘uno rápido’ se hace referencia al sexo oral, anal o a la masturbación recíproca).

El objetivo es disfrutar de las sensaciones eróticas genitales y alcanzar el orgasmo con rapidez para relajarse juntos después de haber disfrutado del cuerpo del otro. O no. Otras veces es que no se tiene tiempo para más y en lugar de esperar a que llegue un momento mejor, se prefiere tener un contacto sexual rápido y sin preliminares, para salir después cada uno por su lado. Esta forma de actividad sexual es la que suele conocerse como el ‘aquí te pillo, aquí te mato’ (‘uno rápido y sin preámbulos’).

Las reglas del ‘aquí te pillo…’: pros y contras

El ‘aquí te pillo, aquí te mato’ requiere conformidad de ambos miembros de la pareja y una complicidad que permita obtener una excitación sexual inmediata con la erección y la lubricación vaginal necesarias para ejecutar el coito.

Si los dos tienen un ritmo similar podrán llegar a ese punto a la vez. Pero si no es el caso, uno de ellos se quedará a dos velas y la cosa terminará en fracaso.

Tiene como desventaja que si se utiliza la posición del misionero y la mujer no sabe mover adecuadamente la pelvis, ésta puede quedarse sin orgasmo, salvo que se auxilie manualmente.

Una de sus ventajas es que cuando no se tiene más tiempo y muchas ganas, puede resolver la situación con eficacia. También tiene el aliciente de constituir una variante de las relaciones sexuales cuando se acude a ella para modificar el hábito de hacerlo de otro modo.

El mayor inconveniente del sexo rápido

Pero un problema del ‘aquí te pillo, aquí te mato’ (en general de cualquier actividad sexual rutinaria) es que si se repite con frecuencia y se evita el más extenso contacto corporal y psicológico que proporcionan ‘los preliminares’, terminará por perder aliciente y se transformará en una triste forma de relacionarse sexualmente.

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