Sexo virtual y locura tecnológica

Las ciberrelaciones sexuales son cada vez más comunes. Las salas de charlas tienen tráfico pesado en las áreas de romance y relaciones ¿Es posible tener sexo por internet? Nuestros visitantes reflexionan sobre el tema en los comentarios.

El 99% de las personas que hablan con uno por internet quieren sexo”, dice Penélope, una mujer de 40 años que lleva varios meses ‘conectando’ amigos en la red. Al principio le incomodaba que tantas personas le insistieran de manera sistemática pero terminó por acostumbrarse. Incluso si un hombre le manda una foto desnudo o le propone un viaje romántico, ya no se escandaliza.

Primero entró a un club de amigos, obtuvo direcciones de hombres que se acomodaban a su perfil y decidió escribirle a unos cuantos. Luego, al obtener respuesta, empezó a chatear. “Desde el principio digo mi edad, no me interesa que la gente me escriba pensando que soy una sardina. Siempre apunto mi nombre y menciono que soy una psicóloga colombiana. A veces mando fotos. Hay mucha gente que envía retratos falsos para engañar con la edad o con el sexo. Nunca me ha gustado eso: siempre he querido conocer a alguien que sepa cómo soy verdaderamente”.

Penélope tenía, según dice, una vida sentimental poco interesante. Pensó que internet podría ser una buena alternativa. Y fue así. Ahora tiene un ciberamante chileno con el que lleva seis meses de “romance” y del que está enamorada. “Es un seductor. De esos que le dicen a uno cosas lindas todo el tiempo. Sé que estoy enamorada porque siempre pienso en él”. A pesar de la separación física, ella afirma que los dos han logrado una gran compenetración.

– ¿Se puede tener una auténtica ciberrelación sexual?
– Claro. He descubierto el poder de las palabras, todo lo que uno imagina se puede decir con ellas. Lo que estoy viviendo es un aprendizaje. Yo sí siento lo que hablamos y parece que él también, porque me dice que tiene erecciones. Esto se puede mirar con mucho moralismo pero me ha parecido lindo, lo he disfrutado mucho.

No piensa lo mismo un psiquiatra. El sexólogo Pedro Guerrero apunta que no es posible una relación sexual por Internet por la obvia ausencia del contacto genital. Guerrero lo ve más como un desarrollo de la fantasía: “El cibersexo se asemeja a los inicios de la pornografía. Sólo que la imagen se reemplaza con el texto en la pantalla. Así ocurría con los impresos porno del siglo XVIII. Esta actividad en Internet debe ser una forma de excitación que concluya en algo real, puede ser el preludio de una relación sexual. Si no, la frustración es muy grande”.

Son cada vez más las personas que buscan tener ciberrelaciones. Basta con acercarse a una sala pública de chat para enterarse. La naturaleza anónima de las conversaciones permite que los usuarios se desinhiban y manifiesten sus fantasías más profundas, incluso aquellas que ni siquiera comentarían a su pareja real. Algunas comunidades y portales advierten a los usuarios de chats que pueden encontrarse con compañeros poco ortodoxos, sobre todo aquellos que circulan en el área de Relaciones.

Y con Penélope, la primera vez, su ciberamante no fue amable. “En la segunda nota que me mandó me empezó a hablar de sexo. Lo sentí como una agresión. Entonces le escribí una carta muy bien pensada diciéndole que yo no era una mojigata pero que el sexo para mí estaba relacionado con la afectividad. Le dije que me había ofendido. -¡Discúlpame, ahora me interesas más! -me escribió. Ese gesto me gustó”, agrega.

Puede existir un amante cada vez, alguien distinto en cada relación, una ciberfantasía diferente en cada chat. Sin embargo, en casos como el de Penélope, la relación puede ser tan fuerte que ella reconoce que con lo ocurrido durante los últimos seis meses en su vida, es evidente que prefiere dejar de lado la realidad.

No todos piensan así. Inclusive, hay posiciones duras. El doctor Guerrero invalida este tipo de encuentros. “Son sustitutos de una enorme pobreza. Es como si en vez de comer, uno quedara satisfecho mirando un poster de sandwiches”.

Antes que asistir a reuniones reales con amigos, Penélope prefiere quedarse conectada en su casa. En caso de pensar en ir, pregunta primero si hay Internet. Programa citas constantes no sólo con su amante sino con nuevos amigos.

Sexo virtual

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-¿Tiene cabida la fidelidad en Internet?
-Por ahora no lo sé. Si hay otra persona que me guste, yo entraría en un conflicto. No sabría qué hacer. A la gente le ocurre esto en la vida real y no tiene problema. Me gustaría ser así.

El sólo hecho de pensar en la fidelidad por Internet sacude a Guerrero. Piensa que ese concepto no tiene ningún asidero. “No se puede sustituir a un amante con una persona que está en Internet. La fidelidad en este caso sería recrear una serie de convencionalismos frente a alguien que es sólo un nombre en la red. Eso no tiene sentido”.

Para Penélope, por el contrario, su amorío virtual tiene gran parte de los elementos que conforman una relación real. “Hay muchos conflictos, se pasa por crisis. Él es casado y tanto él como yo nos sentimos mal por eso. Pero no queremos separarnos. Hace poco empezó a echarse para atrás. Dice que no está enamorado ni quiere enamorarse”.

Ella espera verse pronto con su compañero de red y dejar de conversar únicamente. Sueña con encontrarlo en algún hotel de Cartagena y vivir durante ocho días lo que han podido experimentar a medias durante seis meses. Dice estar consciente de que una relación por Internet no es para siempre y, por ahora, tiene amigos en Tailandia y Pakistán. Mientras tanto, como la Penélope esposa de Ulises, espera a su amor no propiamente frente al mar sino a su computador, en medio de las mareas que se ponen altas en las noches y al amanecer en las salas de charlas de la red.

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