Teorías de la homosexualidad

Un tema sexológico que junto con la masturbación, ha sido motivo de múltiples escritos y especulaciones es la homosexualidad. Es indudable que ambas conductas se han presentado por milenios desde la existencia del homo sapiens, y sin embargo, la homosexualidad ha provocado diversas actitudes a través de la historia en distintos grupos sociales y culturales. En nuestra cultura occidental de origen judeocristiana, la iglesia ha intentado suprimir esta expresión sexual al considerarla pecaminosa y merecedora de castigo; los legisladores en algunos países la han juzgado como delito perseguible; éste no es el caso de México, pero los cuerpos policiacos la reprimen y persiguen con propósitos de extorsión y muchos profesionales de la psicología y la psiquiatría la han “etiquetado” como enfermedad mental, intentando curarla. En realidad ninguna de estas acciones ha disminuido su prevalencia, pero sí infundido sentimientos de culpa, inadecuación y estigmatización en las personas que muestran esta preferencia genérica.

Una definición operacional de homosexualidad es la de Marmor y Green (1978), quienes la describen como “una fuerte atracción preferencial hacia las personas del mismo sexo”. Otra es la que el autor elaboró: “la mayor atracción preferencial para relacionarse afectiva y/o eróticamente con personas del género propio”.

Alfred Kinsey y colaboradores, después de entrevistar a 5,300 sujetos masculinos y 5,940 femeninos, propusieron la existencia de mujeres y hombres en un continuo hetero-homosexual en el que todos los seres humanos se colocan en algún punto. Lo expresaron en una gráfica con siete columnas numeradas de cero a seis y cruzadas por una diagonal del uno al cinco.

En esta gráfica colocaron en la columna cero a los individuos exclusivamente heterosexuales, y en la seis a las personas exclusivamente homosexuales.
En la columna uno se ubicó, a los heterosexuales que sólo habían tenido actividad homosexual incidental; en la dos, los heterosexuales cuya actividad homosexual había sido más que incidental y en la columna tres a las personas cuya actividad sexual era por igual hetero y homosexual conocidos como bisexuales o ambisexuales; en la cuatro, homosexuales cuya actividad heterosexual fue más que incidental, en la cinco a los que habían tenido actividad heterosexual incidental incidental y en la columna seis, igual que la cero.

En cuanto a la prevalencia de la homosexualidad, Kinsey y colaboradores (1948) encontraron un 4% de los sujetos habían sido exclusivamente homosexuales a partir de la pubertad, 10% fueron predominantemente homosexuales durante tres años por lo menos entre las edades de 16 a 55 años y 37% tuvo por lo menos una actividad homosexual dirigida a orgasmos después de la pubertad. En lo que respecta a las mujeres, Kinsey encontró homosexualidad sólo en 50% en relación a la masculina.

En 1972, Paul Gebhard del instituto Kinsey informó en un estudio del National Institute of Mental Health (Instituto Nacional de la Salud Mental) una prevalencia de homosexualidad de 10 a 12% de la población general.

Recientemente otros estudios referidos por Bailey (1997) de la Universidad Northwestern refieren en una encuesta Norteamericana que el 4.5% de hombres y el 5.6% de mujeres mostraban interés en la posibilidad de sostener alguna relación erótica con una persona de su mismo género. Sin embargo el estudio NORC encontró que sólo el 1.4% de las mujeres y el 2.8% de los hombres se autoidentificaban como homosexuales o bisexuales.

Es clara la dificultad existente para lograr certeza en estas encuestas, además de que, como veremos mas adelante existe una gran dificultad en unificar los criterios definitorios de lo que puede considerarse como homosexualidad.

Teorías sobre la etiología de la homosexualidad

Tomando como punto de partida la opinión, ahora superada, que considera a la homosexualidad como enfermedad, desviación o perversión, se observa que se han postulado diversas teorías sobre su origen, las que se analizarán a continuación.

Teoría del origen hormonal de la homosexualidad

Algunos estudios en animales han mostrado que la administración de hormonas o modificaciones de sus cifras pueden producir variaciones en la conducta sexual adulta, y de acuerdo a algunos autores podría así posibilitarse extrapolar esta situación a una conducta homosexual.

Estudios en humanos han dado resultados dignos de mención. En hombres homosexuales se han encontrado alteraciones en la excreción urinaria de metabolitos hormonales. Entre otros estudios, cambios en la concentración de lípidos séricos. En cuanto a hormona luteinizante y estradiol, hay autores que las han encontrado elevadas en grupos de homosexuales masculinos. Respecto a la testosterona plasmática, se encontró que no hay diferencia entre hetero y homosexuales, pero sí un aumento de gonadotropinas circulantes en los homosexuales.

Margolese (1970 y 1971) publica resultados referentes a homosexuales que excretaron menos testosterona urinaria; Kolodny y Masters (1972 y 1973) encuentran cifras de testosterona circulante más bajas en jóvenes que son exclusivamente homosexuales; otros estudios, Birk y Friedman (1973), no demuestran diferencias en las concentraciones circulantes y otros más las confirman, como Starka y cols. (1975).

En resumen, los resultados son múltiples, a veces contradictorios y no concluyentes hasta la fecha. Esto puede deberse, como dicen Masters y Johnson (1979), en su estudio sobre homosexualidad, a tres causas fundamentales: en primer lugar, a problemas y limitaciones en las diferentes metodologías de los estudios, en segundo, al error de considerar a la homosexualidad como un fenómeno unitario – del mismo modo que tampoco es unitaria la heterosexualidad – y, en un tercero, a la imposibilidad de descubrir más sobre la homosexualidad hasta que se conozca más sobre los orígenes de la heterosexualidad, al igual que sólo se conocerá con exactitud la fisiopatología digestiva en la medida que se conozca su fisiología normal.

Diferencias anatómicas

En épocas recientes diversos investigadores han encontrado diferencias en la anatomía, sobre todo de algunas partes del cerebro en hombres homosexuales. Levay (1991) encontró que la zona del cerebro central conocida como el hipotálamo en su Núcleo Intersticial Anterior 3 era más pequeño en hombres homosexuales (similar en tamaño a como aparece en las mujeres). El estudio de LeVay generó mucha controversia al punto en que él mismo aclaró que su estudio no era concluyente pues fue realizado en los cerebros de 19 hombres homosexuales que habían muerto de SIDA y bien pudiera ser, dijo LeVay, que además de un número reducido de sujetos, la enfermedad, los medicamentos o incluso el estilo de vida pudiera haber generado tales cambios en la estructura cerebral microscópica. Posteriormente Allen y Gorsky (1992) encontraron diferencias en el tamaño de la parte del cerebro llamada comisura anterior entre hombres homosexuales y heterosexuales.

A la fecha estas diferencias anatómicas, por un lado requieren mayor profundización y por el otro es todavía muy discutible si estas diferencias cerebrales realmente se correlacionan directamente con aspectos concretos del comportamiento o más aún con situaciones referentes al gusto o la preferencia genérica de los sujetos.

Teoría del origen genético de la homosexualidad

En 1952 Kallman publicó un artículo en el que señalo 100% de concordancia para la homosexualidad en un estudio de gemelos monocigóticos varones. Después Ranier y Col. (1960), Kolb (1963) y Davison y Col. (1971) comunicaron series de gemelos monocigóticos discordantes para la homosexualidad, con lo que el informe de Kallman se invalidó.

Durante mucho tiempo se sostuvo que no hay elementos para establecer un origen genético de la expresividad homosexual más allá de la etiología genética de una capacidad de respuesta genital sistémica ante estímulos sexuales diversos. Al respecto existen algunos en los que individuos de ambos sexos, vendados o imposibilitados para reconocer el sexo del examinador, han mostrado la misma respuesta ante estímulos de personas de su mismo sexo o del otro. En otras palabras, el ser humano hereda los órganos, substratos bioquímicos y mecánicos neuro-hormono-fisiológicos, pero no la posibilidad de responder en forma preferente a unos u otros estímulos.

Sin embargo, en 1993 Hamer y cols. Publicaron un estudio que realizaron desde una perspectiva genética. Expresado en forma suscinta y sin tecnicismos, los autores encontraron en primer término que en las familias de hombres homosexuales había un mayor número de parientes que también eran homosexuales por el lado de la línea materna. Esto motivó a los autores a buscar series de hermanos, que ambos fueran homosexuales, y realizar en ellos estudios de características genéticas a nivel del cromosoma X (que es lo que los especialistas llamarían como un factor hereditario ligado al sexo). El resultado de la investigación en una serie de hermanos homosexuales fue que en un 64% de los casos encontró marcadores coincidentes de DNA lo que lo llevó a postular la probable existencia de “un gen de la homosexualidad masculina”, el que se encuentra en la región Xq28 del cromosoma X. Sin embargo aunque son fuertemente indicativos estos estudios no son absolutos por no haberse encontrado en el 100% de los casos.

Por otro lado Turner en 1995 publica un estudio en el que analizando una serie de 133 familias de homosexuales masculinos y femeninos ratificó la misma mayor presencia de homosexualidad en parientes por el lado materno, en los hombres homosexuales pero no así en las mujeres homosexuales. También postula la posibilidad de que el gen de la homosexualidad pueda estar localizado en una región pseudoautosómica de los cromosomas X y Y: Xq28 y Yq11.

Es a la fecha una importante, y diría yo muy sólida línea de investigación que cada vez apunta más hacia un origen genético de esta preferencia genérica. Sin embargo es importante valorar que no por el hecho de tener un origen genético se trata de una enfermedad o padecimiento; de hecho son también de origen genético muchos elementos humanos que sólo reflejan la variabilidad de la especie como pueden ser el color de ojos, de pelo, de piel o el hecho de tener el cabello lacio, rizado o chino.

Respecto a las dudas y a los porcentajes de falta de concordancia genética, en el trabajo mencionado de Turner (1995) cita a Richards y Sutherland que dicen: “Las propiedades de elementos hereditarios inestables vienen con sus propias reglas. Se convierte en un reto importante de la genética molecular el descubrir cuáles son estas reglas, y las circunstancias bajo las cuáles estas reglas contribuyen tanto a las enfermedades como a la variación”

Concluye Turner diciendo que el reto actual es el determinar con precisión cómo en materia de orientación sexual y su intensidad actúa el gen en Xq28; cómo y por que ocurren variaciones a diferentes edades: y cuáles son los mecanismos que hacen surgir la homosexualidad, tanto masculina como femenina desde una base común.”

Homosexualidad

Homosexualidad

Teorías psicosociales de la homosexualidad

Freud en su teoría psicoanalítica considera una bisexualidad innata que explica las tendencias latentes hacia la homosexualidad que pueden activarse bajo ciertas condiciones patológicas. Otras teorías del psicoanálisis rechazan la bisexualidad innata, y señalan diversas experiencias de la infancia y adolescencia como causantes de conducta homosexual. Así, Bieber (1962) describe en homosexuales un patrón paterno, que consiste en una madre posesiva, indulgente en exceso y dominante y un padre hostil, ambivalente y lejano, Bene (1965) señala un patrón de relación inadecuada con un padre débil. Por otro lado, Greenblat (1966) encuentra que los padres de homosexuales son generosos, “buenos”, dominantes y poco protectores. La realidad es que, cuando se han analizado estos aspectos buscando la etiología de la homosexualidad, se ha encontrado todo tipo de familias (padres y madres), niveles socioeconómico-culturales y ambientes.

Otro elemento importante es que casi todos los estudios que intentan demostrar el origen psicosocial de la homosexualidad, se han realizado en poblaciones de homosexuales que eran pacientes de psicoanalistas, psiquiatras o instituciones lo que inevitablemente sesga o invalida la muestra. Afortunadamente a últimas fechas se realizaron estudios en poblaciones generales que se analizarán después.

En la actualidad prevalece el enfoque de Marmor (1978), cuando señala que la homosexualidad es “multideterminada por factores psicodinámicos, socioculturales, biológicos y situacionales”. El estudio de Bell (1981), más reciente a través del análisis complejo y cuidadoso de una muestra de homosexuales, establece que no se encuentra ninguna casualidad sociofamiliar para explicar la preferencia homosexual.

Es conveniente concluir el análisis de los esfuerzos para determinar la etiología de la homosexualidad citando a Kolodny: “La búsqueda de la causa de la homosexualidad continúa obstaculizada por dificultades metodológicas y falta de homogeneidad en la población homosexual. Serán inútiles los esfuerzos para determinar los orígenes de la conducta homosexual hasta que se desarrolle una taxonomía confiable del comportamiento sexual en general.

Esta situación provocó que en 1973 la American Psychiatric Association (Asociación Psiquiátrica Americana) eliminara a la homosexualidad de su Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (1980) (Manual de Diagnóstico y Clasificación de Enfermedades Mentales o DSM ) y agrega una categoría de alteraciones de la orientación sexual para incluir ahí a quienes su orientación sexual les creaba conflictos, al igual que otras expresiones comportamentales de la sexualidad que se comentaran después.
También se ha suprimido la homosexualidad, como trastorno o diagnóstico psiquiátrico, en países como Inglaterra, Suecia y Dinamarca.

Estudios sobre el comportamiento sexual en homosexuales

En la década de 1940 Alfred Kinsey realizó su notable estudio sobre la conducta sexual del hombre y la sexual del hombre y la mujer, que comprendió más de 15 mil sujetos. Casi treinta años después, surgen dos estudios, en realidad esclarecedores sobre la, conducta homosexual, realizados por Allan Bell del Instituto Kinsey (1978/1981) y otro por Karla Jay (1979).

En el estudio de Bell se encuestaron al rededor de mil sujetos y entre sus resultados sobresalen algunos que conviene mencionar.

En cuanto a la intensidad o frecuencia de la actividad sexual, encontró que en orden decreciente es mayor en homosexuales de raza negra que en blancos, mayor en homosexuales que en lesbianas y en jóvenes que en los de mayor edad.

Persiste la idea de que hay mayor “promiscuidad” en homosexuales. Sobre esto Bell señala que hay una tendencia en los homosexuales a sostener relaciones con diversos compañeros; no así las lesbianas, que se inclinan más hacia la “fidelidad”. El objetivo al que propenden, tanto homosexuales y lesbianas, es a una relación amorosa, estable y duradera. De hecho es una realidad que tanto los hombres homosexuales como las lesbianas, desde su infancia son educados como hombres o como mujeres respectivamente y bien sabemos que, desde una perspectiva de género, la educación para los hombres es más permisiva y les permite socialmente tener más parejas y en cambio a la mujer se le educa más en cuanto a la fidelidad y la exclusividad.

Un gran porcentaje de los encuestados refieren que el principal problema en sus relaciones amorosas es la dificultad para encontrar un (a) compañero(a) adecuado(a); así mismo la disposición para aceptar las relaciones abiertas existe en más homosexuales masculinos que femeninos. Cabe señalar que todos estos resultados coinciden con los que se obtendrían en cualquier estudio de comportamiento heterosexual. Por otro lado Bell informa que resulta más difícil aceptar a los hombres que a las mujeres su homosexualidad; y que además han contraído matrimonio heterosexual 25% de los hombres homosexuales y 33% de las mujeres; este último dato coincide con resultados preliminares del estudio sobre homosexualidad, hecho en la ciudad de México por Alvarez – Gayou (1978) y colaboradores.

En el área de relaciones interpersonales hay datos que afirman que los homosexuales y lesbianas tienen mayor aptitud para establecer relaciones amistosas y afectuosas más cercanas que los grupos comparables de heterosexuales y para entablar amistad con heterosexuales, así como de rechazo por parte de éstos.

En el área laboral esta investigación encuentra que tienen la misma estabilidad en sus trabajos que los heterosexuales, excluyendo a los que Bell califica como disfuncionales y asexuales (que son minoría): “los homosexuales adultos que aceptan su situación sin sentir culpa y que funcionan bien en el área social y sexual no tienen mayores problemas que mujeres y hombres heterosexuales”.

Karla Jay (1979) estudió a 962 lesbianas y 4,329 homosexuales masculinos y encontró datos interesantes.

En cuanto a la actitud de las lesbianas en relación a los hijos, 19% tenían hijos, los querían y aceptaban, al igual que muchas madres heterosexuales; 54% mostraron una actitud positiva hacia los niños, en contraste con 4% que expresaron actitud negativa.

Respecto a la idea prevaleciente de promiscuidad sexual, en esta investigación se encontró que 62% de las lesbianas y 15% de los homosexuales han tenido entre 1 y 10 compañeros sexuales; entre 11 y 15 compañeros sexuales 24% de las lesbianas y 17% de los homosexuales; 20% de ellos han tenido entre 26 y 50 compañeros. En resumen, 86% de las lesbianas han tenido menos de 25 compañeros y 52% de los homosexuales menos de 50 compañeros; los datos son comparables con cualquier grupo de jóvenes solteros de nuestra sociedad heterosexual.

Otro mito que prevalece es el de la prostitución entre homosexuales. Al respecto, el estudio de Jay revela que el 98% de las lesbianas y 76% de los homosexuales nunca han pagado por una relación sexual; sólo una vez, 9 y 2% de homosexuales y lesbianas, respectivamente. En cambio han recibido pago una vez 10% de ellos y 5% de ellas, y 91% de las lesbianas y 76% de homosexuales, nunca. Estas cifras son menores de las que se encuentran en una población heterosexual.

Un 45% de la mujeres y 46% de hombres se inclinaron a favor de una relación estable y duradera, comparable al matrimonio, y en contra 28 y 21% respectivamente.

En este estudio realizado en E.U.A. la prevalencia de anorgasmia entre lesbianas y mujeres heterosexuales fue de 7%. Se recordará que en Francia y Japón es de 4 y 20%, respectivamente.

Otra creencia generalizada es que en parejas o encuentros, homosexuales se da la conducta pasiva o activa, “femenina o masculina”. Estos papeles nunca se establecen en 59% de las lesbianas y 42% de los homosexuales, en la encuesta realizada en México, parece existir una correlación directa entre el establecimiento de estos papeles y la escolaridad y nivel socioeconómico menores.

Por último, es importante establecer la diferencia entre homosexualidad y dos estados que suelen confundirse con ella: el transvestismo y el transexualismo.

El transvestista es el que obtiene placer -no sólo de tipo erótico-sexual- usando ropa, accesorios, lenguaje y manerismos considerados como del otro sexo en una sociedad y momentos determinados. Esta situación es un hecho que no aparece en la mayoría de las personas homosexuales, de hecho y a nivel de mito mucha gente piensa que el hombre o mujer homosexual desea ser del otro sexo, cosa totalmente falsa. Lo que si es más consistente es que la mayoría de las personas transvestistas sí tienen la preferencia homosexual, pero aun en este caso, también existen personas heterosexuales transvestistas.

El transvestismo no implica de manera necesaria homosexualidad y viceversa.

El transexualismo es la convicción psicológica de identificación con el sexo que no corresponde al genotipo y fenotipo sin alteraciones genéticas u hormonales. Esto se denomina hoy en día, “discordancia de la identidad sexo-genérica”, y no se relaciona con homosexualidad. Las personas transexuales son aquellas que se sienten “atrapadas” en un cuerpo que no les corresponde y para ellos es una convicción y necesidad el cambiar su cuerpo por medios hormonales y quirúrgicos para que corresponda a su convicción psicológica. De hecho se han informado casos de transexuales que luego de convertidos en mujeres con tratamiento hormonal y quirúrgico optaron por el lesbianismo.

Hoy en día se calcula que el transexualismo tiene una prevalencia de 1 por 100,000 en hombres y 1 por 130,000 en mujeres.

En resumen podemos considerar que cada día, tanto desde una perspectiva histórica, como social y psicológica la homosexualidad, tanto masculina como femenina no es otra cosa más que una clara ilustración de la enorme variabilidad que tenemos los Seres Humanos.

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