La transición entre la lactancia materna y la dieta sólida

Pediatras explican cuándo y cómo debe ser hecha la introducción de alimentos en la pequeña infancia.

La recomendación de la Organización Mundial de la Salud es que la lactancia materna sea exclusiva y a libre demanda desde la sala de parto hasta el sexto mes de edad, extendida hasta 2 años o más. Y, aunque el niño esté en lactancia mixta o sólo recibiendo fórmula, se debe mantener la introducción de alimentos a los 6 meses de vida, debido a algunos factores importantes relacionados con el desarrollo del pequeño que sólo ocurren en esta fase, como:

  • Perder el reflejo de colocar la lengua fuera (la protrusión de la lengua)
  • Comenzar a sentarse, al menos con apoyo
  • Tener condiciones de mascar, incluso sin los dientes

La oferta adecuada de la alimentación complementaria, también llamada de alimentación de transición, es definida como la introducción de alimentos sólidos en la adición a la leche materna.

La transición entre “beber” (mamar) y “comer” la comida no requiere prisa, debe hacerse paulatinamente, pero se muestra imprescindible para los niños a los 6 meses. Su inicio antes o mucho después de esta edad puede generar carencias o excesos alimentarios, contribuyendo tanto a la deficiencia de nutrientes y a la desnutrición como al sobrepeso y a la obesidad infantil. Es importante recordar que, incluso después de los 6 meses de edad, la leche materna sigue siendo un alimento importante para el niño y por lo tanto debe ser mantenido hasta el destete natural.

De lactancia materna a dieta sólida

De lactancia materna a dieta sólida

No se recomienda el uso de la licuadora, mezclador o tamiz para facilitar la aceptación de los vegetales  y de frutas, una vez que el pequeño ya esté preparado para masticar, tragar y hacer la digestión de los alimentos que se introduzcan cocidos y amasados o crudos.

La alimentación del niño va a asegurar el aporte suficiente de energía (calorías), proteínas y también de micronutrientes (vitaminas, hierro y minerales). Las cantidades de azúcar y sal también deben tenerse en cuenta, ya que los hábitos alimentarios adquiridos en esta fase normalmente se mantienen y pueden llevar a problemas futuros. El azúcar no debe formar parte de la alimentación del niño en el primer año de vida, así como alimentos con colorantes y conservantes. La sal, a su vez, debe ser empleada con mucha moderación.

Todos estos cuidados llevarán a un buen crecimiento y desarrollo del niño, además de actuar en una adecuada formación de los dientes, de la musculatura de la cara (y la capacidad de masticar), así como evitar caries.

Es importante advertir a los padres que hoy en día no se considera adecuada la oferta de frutas en forma de jugos, pero sí el consumo in natura, pues la bebida tendrá una concentración mucho mayor de calorías y, además, no va a ayudar en el desarrollo de la masticación y deglución del niño.

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