Voyeurismo, el ojo que nos mira

El voyeurismo es una forma de parafilia por la cual el sujeto obtiene estimulación y placer eróticos al observar cuerpos desnudos, genitales, o bien presenciando el acto sexual de otras personas. Le fascina observar en secreto a los demás. Elaboran fantasías con la persona espiada, pero raramente las consuman.

No hay un consenso a la hora de explicar el origen de este trastorno. De entre las diversas teorías, algunos expertos en el tema lo achacan a que, alguna vez y de forma accidental, la persona fue testigo de la desnudez de otra, o del acto sexual de otros. Esto provocó una sensación tan intensa que se siente la necesidad de repetirlo una y otra vez.

Para que este trastorno sea diagnosticado y considerado como patológico, deben darse las siguientes circunstancias:

  • Fantasías recurrentes, intensas y abrumadoras durante al menos seis meses.
  • Que estas fantasías, u otro comportamiento, causen tal angustia que afecten al desarrollo normal de la vida cotidiana del sujeto que las padece, provocando su deterioro psicológico y social.

El psicoanálisis sugiere que dentro de todo voyeur hay un sádico. El hecho de “vigilar”, hace sentir al que observa superior a la persona observada. El es quien controla y el otro, sin saberlo, se deja. Además, las fantasías eróticas del voyeur suelen teñirse de violencia con respecto a la persona espiada.

Voyeurismo - Imagen

Voyeurismo – Imagen

La persona con este trastorno es capaz de hacer las cosas más inverosímiles con tal de satisfacer sus impulsos: pasar horas tras los arbustos de un parque para espiar a las parejas; trepar a los árboles; escalar tejados; e incluso hacer agujeros en los tabiques. Todo vale para lograr su objetivo.

No está interesada en absoluto en ir a una playa nudista y conformarse con ver pasear a la gente como Dios la trajo al mundo. Ni siquiera le motiva ver a su pareja desnuda, o desvistiéndose. Lo que realmente les excita es hacerlo sin que los otros lo sepan, a escondidas y sin su consentimiento.

El voyeurista no es violento en sí. No ataca a las personas que observa si lo descubre, sino que sale huyendo. Tampoco tratará de violar a nadie. Tan sólo mira. Freud decía que la zona erógena más importante de un voyeur son los ojos. Y con toda la razón.

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