La intensa vida sexual de las plantas

Cuando se trata de sexo, las plantas son escandalosamente liberales. Muchas sólo tienen sexo consigo mismas. Otras tienen sexo simultáneamente con varios vecinos o con parejas casuales que viven a cientos de kilómetros de distancia.

En algunas plantas, es posible reconocer claramente a machos o hembras, pero en la mayoría de los vegetales los individuos ejercen tanto el papel femenino como el masculino.

Muchas especies ostentan órganos sexuales exagerados y coloreados, y se aseguran de exhibirlos.

Algunas plantas, sin ningún pudor, cambian de sexo varias veces a lo largo de su vida. Otras son «conservadoras» y se niegan a tener sexo con individuos cercanos, y luego están las que nunca tienen sexo. Muchas especies ostentan órganos sexuales exagerados y coloreados, y se aseguran de exhibirlos. Pero también es cierto que algunas plantas tienen aparatos sexuales diminutos o ocultos.

La evolución de esta gran diversidad reproductiva se debe a intensas disputas sexuales entre los individuos. Estos enfrentamientos han sido confirmados, pero durante mucho tiempo han sido desconocidos – incluso por el mayor evolucionista de todos, Charles Darwin (1809-1882) – o discutidos.

Investigaciones más recientes han puesto de manifiesto no sólo que la selección sexual es una fuerza importante en la evolución y diversificación de las plantas superiores que no solo hacen una mejor fotosíntesis con sus cloroplastos, sino también que la variedad es esencial para el funcionamiento de comunidades vegetales en la naturaleza y para actividades humanas, como la agricultura, la jardinería y las industrias de la madera, los alimentos y los medicamentos.

La clave del enigma

Al elaborar su teoría de la evolución por medio de la selección natural, Darwin se enfrentó a una gran dificultad teórica: ¿cómo explicar que, además de presentar diferencias en sus aparatos reproductivos (características sexuales primarias), los machos y las hembras muestran obvias diferencias en otros aspectos de su cuerpo y en su comportamiento, llamadas características sexuales secundarias?

¿Por qué los leones son más grandes que las leonas? ¿Por qué los pavos machos exhiben plumas largas y adornadas mientras las hembras de esas aves son básicamente grises? ¿Por qué los alces irlandeses machos, extintos en la última era del hielo, exhibían cuernos de hasta 3,5 metros, inexistentes en Hembras? ¿Por qué las ranas macho cantan y las hembras se callan?

Para Darwin, la selección natural, por actuar de forma similar en ambos sexos, no podía explicar la evolución de las características sexuales secundarias. Después de todo, los machos y las hembras en general viven en el mismo lugar y en el mismo clima, comen la misma comida y son atacados por los mismos depredadores y parásitos.

Darwin reconoció dos mecanismos principales de selección sexual: «competencia entre machos» y «elección por parte de las hembras»

El concepto de «selección sexual» fue la clave encontrada por Darwin para resolver el enigma. Según él, la selección sexual sería la «ventaja que algunos individuos tienen sobre otros individuos del mismo sexo y especie exclusivamente en relación con la reproducción».

Este concepto, aunque fue propuesto por Darwin en 1859, en el libro el origen de las especies a través de la selección natural, no sería discutido a fondo por él hasta 1871, en el libro el origen del hombre y la selección sexual.

Darwin reconoció dos mecanismos principales de selección sexual: «competencia entre machos» y «elección por hembras».

En la competición entre machos, éstos luchan entre sí en combates directos (a veces mortales) o mediante rituales (exhibiciones físicas, rituales de cortejo, etc.) para tener acceso a más y mejores oportunidades de aparearse.

En la elección de las hembras, éstas comparan la calidad de los machos disponibles, en función del aspecto físico o del comportamiento, y eligen a los aparentemente más fuertes o más sanos como pareja reproductora.

Estos mecanismos se describieron a partir de comportamientos de disputas, peleas, cantos, bailes, discriminación, gustos y elecciones que parecían, en principio, exigir un mínimo de movimiento, capacidad mental y percepción. Así que, aunque el concepto de selección sexual fue un avance extraordinario en la teoría de la evolución, se limitó al reino animal. Pasó un siglo antes de que la biología pudiera aplicar el concepto de selección sexual a las plantas.

Guerra del sexo

En 1979, un artículo pionero – ‘selección sexual en plantas’ – fue publicado por la ecóloga estadounidense Mary F. Willson, señalando evidencias científicas de que tanto la competencia entre machos como la elección por las hembras son importantes fuerzas evolutivas también para las plantas, y que la inmensa diversidad de flores se deriva de esos procesos.

Los granos de polen arrastrados por el viento, por insectos u otros medios, deben enfrentarse a disputas para fertilizar los óvulos.

El trabajo ha roto la ingenua visión de que plantas de la misma especie colaboran entre sí para reproducirse y compiten sólo con las de otras especies por los polinizadores.

La competencia evolutivamente importante tiene lugar entre individuos genéticamente diferentes de la misma especie y, en particular, entre los del mismo sexo. Las otras especies sólo modifican la arena ecológica donde se produce el choque evolutivo.

Cuando llega a la estación reproductora de una especie de árbol, hay un conflicto abierto por éxito reproductivo. Algunos individuos, porque son mayores, más vigorosos y con adaptaciones que favorecen su éxito reproductivo, conseguirán aumentar la frecuencia de sus genes en la próxima generación. Los menos favorecidos serán eliminados por la selección sexual. Es decir, la «guerra del sexo» es intensa incluso entre especies que no se mueven y no tienen un comportamiento evidente, como las plantas.

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